Mientras el cigarro se consume


—¡¿En qué idioma tengo que hablarte para que me escuches?!

De nuevo hay gritos en la casa de junto. Sé que ella saldrá al jardín y se sentará a fumar un cigarrillo recargada en la esquina de la barda que coincide con mi patio trasero.

—Hola, ¿está todo bien? —pregunto a través de la barda y me siento contra ella.

No hay respuesta, solo una columna de humo gris que sube y se acumula sobre nosotros.

—Quiero largarme y no volver a verle —dice después de un rato.

—¿Por qué no simplemente lo haces?

—Tengo mala suerte —rie entre dientes—. Nunca llego demasiado lejos. Siempre me encuentra.

Eso ya lo sabía, aunque nunca nos hemos visto cara a cara, siento que la conozco mejor que ella misma. Todos estos años las discusiones llegan hasta mi ventana y siempre terminamos haciendonos compañía en este trozo de barda.

—Mis padres dicen que nací con demasiada suerte. He estado cerca de la muerte tres veces y…

—¿Te irías conmigo?

Su pregunta me ha sacado de balance y no sé que responder.

—Lo siento. ¡Vaya tonta! —Escucho cómo da pisotones para apagar la colilla.— Ni siquiera nos conocemos.

—¡Si!  —respondo al sentir que se dispone a irse.

—¿Serías mi amuleto de la suerte? —pregunta en una mezcla de tristeza y broma.

Su voz la escucho sobre mi cabeza, ella me mira apoyada sobre la barda. Sus ojos y los míos se encuentran por primera vez.

241 palabras.


Relato realizado para el Writober 2020 basado en la combinación de las palabras detonantes: amuleto de la suerte + idioma.

Estudiante


Se acerca el día de mi graduación, mamá está llorando y no es precisamente de alegría, es que no le agrada la idea de que voy a mudarme a otro estado para ir a la universidad.

Cuando mi padre murió dejó algunas propiedades a nuestro nombre y por suerte cerca de la universidad a donde asistiré hay un departamento que mamá no ha querido rentar aún.

Las semanas pasaron volando. Firmo la hoja de la mudanza y observo a mi alrededor el montón de cajas. ¿Pero qué tanto me ha enviado mamá? Por suerte el departamento está amueblado o también habría enviado todo tipo de muebles.

No me agrada la idea de tener compañeros de cuarto, pero el departamento tiene tres recámaras y el dinero de la renta puede ayudarme con los gastos de la carrera, así solo me concentraré en estudiar.

Los cuartos se alquilaron rápido, incluso en una recámara un par de chicas se acomodaron juntas. Cuando el día del pago de la renta llega, recojo el dinero y lo llevo al banco. Incluso yo pongo mi propia renta, no les he dicho que técnicamente yo soy la dueña, me siento como una farsante, pero temo que si se enteran no querrán pagar.

205 palabras.


Microrelato realizado para el Writober 2020 basado en la combinación de las palabras detonantes: farza + compañero de cuarto.

Solo un instante


Sobre la línea negra de asfalto transita a la misma hora, cada día avanza y recorre la distancia en el tiempo acordado. 

El cielo se tiñe de colores: rojo, rosa, violeta y naranja se funden entre sí y sobre el horizonte. 

Aves e insectos saben con exactitud la hora, que no se dicta con numeros sino con luces y colores; la temperatura desciende, las aves callan y la luz se extingue. 

Presurosa, recorre el último tramo del camino marcado en negro y blanco hasta su destino. 

Al anochecer, llega a casa junto con la calma,  el frio y el silencio.

100 palabras.


Microrelato realizado para el Writober 2020 basado en la combinación de las palabras detonantes: al anochecer + calle.

El dragón de plata


Al oriente del valle, en el punto donde aparece el sol cada verano, existe una cordillera de místicas montañas siempre verdes. En el centro de la cordillera se encuentra “La torre del Dragón”, una saliente de roca sin vegetación, labrada naturalmente por una hermosa cascada que cae a ambos lados de ella. Su altura es, por mucho, mayor a la caída del agua y en la parte mas alta tiene una cueva donde desde hace siglos duerme el Dragón de Plata, guardian de las montañas esmeraldas y protector de nuestras tierras.

Una vez al año, en el día en el que el sol aparece justo detrás de la torre, mi pueblo, Los Erse, realizan una procesión hasta allí. Se envía una comitiva compuesta de siete doncellas, doce guerreros, tres sabios, una decena de cantores y cinco de los mejores herreros.

Al llegar, los guerreros ayudados por los herreros afianzan y refuerzan las estructuras que permiten ascender hasta la cueva de la torre. Una vez está todo listo la procesión sube. Los sabios van al frente y detrás de ellos los cantores; de cerca les siguen las doncellas flanqueadas por los guerreros y al final los herreros con la carga.

Es la labor más sagrada y el privilegio más grande, al que como mujer puedas aspirar, ser una de las doncellas del dragón.

Los cantores han de recitar los cánticos ancestrales a fin de que el dragón esté en calma y pueda llevarse a cabo la monumental labor.

Mi nombre el Milla y este año yo soy una doncella del dragón. 

Conforme vamos subiendo se escuchan cada vez con mayor intensidad bufidos, gruñidos y otros sonidos aterradores que erizarían la piel de los más valientes.

—Este año esta particularmente molesto — dice una de las doncellas de más edad.

—No te preocupes, los cantores saben como tranquilizarlo —agrega la que va junto a mí después de ver el miedo en mi rostro.

Una vez en la cima entramos lentamente a la cueva una vez que los sabios nos indican que ya no hay peligro. El interior no es obscuro, tiene una fluorecencia natural que encandila.

—No lo entiendo. —Estoy algo desconcertada.— ¿En dónde está el dragón?

—Allí, en el fondo —responde uno de los guerreros señalando con su espada una madeja irreconocible de hojas, tierra y pelos.

—¿Eso?

—Ya veo por qué está tan molesto. —Sin miedo una de las doncellas se acerca a lo que creo es su cara. 

—Este año la temporada de tormentas fue más larga y los deslaves fueron horribles — dice uno de los sabios revisando el daño—, seguramente quedó atrapado por un deslizamiento de tierra

—Con un buen corte de cabello se sentirá mejor.

Es una labor titánica y dura varios días y noches. Mientras los cantores y los sabios se turnan entonando arrullos e historias en un lenguaje que no entiendo, nosotras las doncellas limpiamos, cortamos y desenmarañamos el largo y grueso pelaje del Dragón.

—¿Y esto… una ardilla? —grita una de las doncellas al otro lado de la bestia de plata mientras las demás rien y el pobre animal corre a la salida

Los herreros no tienen descanso, deben mantener afilados los instrumentos y de vez en cuando reparar los que se rompen, solo ellos conocen el secreto de ese material capaz de cortar el pelo que en otros casos es impenetrable. Es por eso que la labor de las doncellas es crucial, si cortamos demasiado dejamos vulnerable a nuestro protector y por el contrario si es muy poco, el pelo crecerá y se enredará antes de tiempo.

Despúes de varios dias el Dragón de Plata está feliz y libre de el exceso de pelo. Sale de la cueva y se dá un buen baño bajo la cascada. Cuando regresa solo resta cepillarlo para retirar los pelos sueltos.

En todo este tiempo los guerreros han vigilado celosamente la entrada de la cueva, el pelo de dragón es muy valioso y existen bandidos que harían lo que fuera para obtenerlo. Con este material elaboramos las ropás de nuestros guerreros, ligeras como la tela y resistentes como el acero. Si es fundido -secreto que solo nuestros herreros conocen- se pueden hacer armas y hasta estructuras muy resistentes. Por eso el dragón es nuestro tesoro, además de nuestro benefactor y mutuos protectores. 

714 palabras.


Relato realizado para el Writober 2020 basado en la combinación de las palabras detonantes: torre + corte de cabello.

¿Cuál es el truco?


Todos los días es igual. El andar presuroso por las calles y debajo de ellas en donde ríos interminables de autos y personas van y vienen a todas horas. Hombres y máquinas arrojan humo al aire que se enturbia y se vuelve pesado respirar. Ni siquiera por las noches hay descanso de su bullicio interminable. Luces artificiales eclipsan las estrellas que deberían alumbrar nuestras noches. Si vienes de lejos y observas el horizonte sabrás que dirección tomar sin perderte, pues en el día el domo de polución es perceptible a kilometros y por las noches la luz que emite resalta como un domo en la obscuridad.

—¿Cúal es el truco para vivir en la ciudad?— pregunté una vez de niño a mi padre.

—¿El truco? —Me miró sin entender y quedó pensativo. —No hay ningún truco, solo debes estudiar y trabajar duro por lo que quieres.

Ahora sé que sí hay truco, pues debes ser capas de ignorar los fuertes ruidos que golpean tus oidos todos los días y noches; luchar con el estres de cada día sin romperte; tener pulmones de acero para poder respirar ese aire viciado y un estómago fuerte pues entre el estrés y la comida rápida no te salvas de visitar al médico más veces de lo esperado…

Ahora que lo pienso… sigo sin entender cuál es el truco. Dudo que exista uno.

228 palabras.


Microrelato realizado para el Writober 2020 basado en la combinación de las palabras detonantes: truco + ciudad.

Pioneros


El invierno ha llegado, puede olerse en el aire, el frío se cuela entre la ropa y cala hasta los huesos.

Un hombre, con la cara entumecida por el gélido viento, camina presuroso junto a su bestia de carga por la vereda. La primera nevada amenaza con desatarse en cualquier momento.

En otro lugar, en el interior de una cabaña de madera solida y estable, al abrigo de un acojedor fuego una mujer teje sentada frente a la chimenea encendida.

Tranquila y pasciente espera la llegada de su esposo que salió al pueblo por provisiones para el invierno. Por la ventana puede ver los primeros copos de nieve caer, se levanta y traba las contraventanas de madera para que el clima no irrumpa en su hogar. Antes de cerrar la última ventana mira al horizonte, desliza la mano por su vientre prominente, busca una silueta familiar, pero no hay nada.

De vuelta a su tejido, intenta no pensar en el clima que amenaza con ser más que una simple nevada. Una molestia en el bajo vientre, que al inicio no pareció importante, ha ido aumentando hasta volverse una punzada que se extiende por sus caderas. Ha llegado el momento.

La nieve cae afuera en una ventisca despiadada y no le será posible salir sin quedar atrapada en la nieve. La comadrona del pueblo la visitaría en unos días, el parto se había adelantado. Haciendo acopio de todas sus fuerzas prepata todo lo necesario para dar a luz.

En el camino, la nevada se ha vuelto tormenta, el hombre continúa avanzando y tira de su mula de carga tratando de no quedar hundidos en la nieve, observa al desgraciado animal que pese a su pelaje podria terminar congelado y lo cubre con algunas de las telas que lleva. Sus pasos se hunden en la nieve, el camino ha desaparecido de su vista, se mueve por puro instinto. En las ramas de los árboles se han formado estalactitas de hielo, también en sus barbas y cabellos el hielo se aglutina con cada respiración.

En la pequeña cabaña el fuego de la chimenea es el único testigo del milagro por venir. Un grito agudo y después llanto.

La puerta de la cabaña se abre unas horas después. Una figura cubierta de nieve irrumpe en la habitación dejando entrar algo de la nieve de la tormenta. Antes que la ventisca ahogase el fuego del cálido interior, vuelve a trabar la puerta, no sin antes disculparse.

La mula parece una estatua de hielo, la pobre apenas podía ya andar.

—Disculpa que la haya entrado —dice temblando de frío—, pero no podía dejarla morir conjelada en el establo.

El recién llegado no repara en su mujer que está la fondo metida en la cama. Ella solo lo observa pasciente y divertida mientras él sujeta a la mula cerca de la chimenea y le sacude la nieve del pelaje.

Hasta ahora se percata que no ha ido a recibirlo, cuelga el grueso abrigo y gira buscando a su esposa al tiempo que sacude el hielo de sus barbas y cabello.

—Te has convertido en padre —dice la mujer con dulce voz y una amplia sonrisa en cuanto sus miradas se cruzan.

534 palabras


Microrelato realizado para el Writober 2020 basado en la combinación de las palabras detonantes: hielo + convertirse en padre.

Idilio


Arenas del tiempo se deslizan silentes
caen y arrebatan el tiempo presente.

Perecen inertes los sueños de antaño
se lleva la arena al encuentro pasado.

Sonrozadas mejillas de ardiente candor.
Arrebata la mente el recuerdo de amor.

Inundan los ojos de amarga memoria
mis noches vacías en vela y zozobra.

El lápiz labial de tu piel se ha borrado
mas las huellas etéreas el tiempo ha dejado.

Tiempo que avanza y no mira hacia atrás
déjame la esperanza, llévate lo demás.

81 palabras


Microrelato realizado para el Writober 2020 basado en la combinación de las palabras detonantes: lápiz labial + presente (tiempo).

¿Mi madre?


Al final de la calle, en el cruce de una vieja avenida, siempre ha habido un chalé antiguo, una vieja casa que parece una mansión. Sus tejas negras y barandillas de madera ha sido origen de más de una leyenda o mágicas historias.

Ya nadie recuerda cuándo fueron vistos sus ocupantes por última vez o el momento en el que alguien cruzó el umbral para no volver jamás.

Los árboles del jardín siguen creciendo, florecen y llenan las calles con su hojarasca una vez al año haciéndonos saber el cambio de estación, mudos guardianes del paso del tiempo y por el momento los únicos seres vivos del lugar.

El transporte se ha detenido lejos de casa, un árbol cayó obstruyendo el camino, los últimos dias el viento de otoño ha estado en aumento finalmente ese enorme pino no pudo resistir el embate. Ahora deberé cambiar mi ruta habitual y dar un rodeo para poder llegar a casa, el camino más corto es por la antigua avenida hasta el cruce con el viejo chalé.

El viento sopla con fuerza y aullar furioso en los resquicios de las casas las hojas caen a montones y sin remedio a mi alrededor. Sobre el horizonte comienzan a agruparse las nubes, obscuras y tenebrosas, presagian la que quizá será la peor tomenta del año. Acelero el paso y comienzo a correr lo más rápido que mis piernas me lo permiten. La lluvia comienza a caer, gruesas gotas se estrellan contra el piso y golpean mi cuerpo con furia, en el horizonte relámpagos refulgen intermitentes. El viento azota la lluvia ern todas direcciones y es imposible ver algo, frente a mí cae un letrero de no se donde y me alerta, ¡debo encontrar un refugio o no llegaré a salvo a casa!

Un poco más adelante, a mi derecha, puedo distinguir el viejo chalé. Los enormes árboles flanquean los costados del camino empedrado hacia la entrada y me permiten descansar del embate del viento al menos pur un momento. Avanzo hasta la terraza de la entrada, toco la puerta aunque sé que no hay nadie.

—¡Busco refugio, por favor! ¿Hay alguien?

Grito, pero ni siquiera me escucho a mí misma, el aire se ha vuelto un rugido, los truenos y el crujir de la madera vieja de la casa es todo lo que puedo oir.

Tomo la perilla y la puerta se abre, entro justo a tiempo pues el fragil tejado del portico se ha desprendido y ceae bloqueando la entrada.

El interior de esa casa es tan obscuro y misterioso como su exterior, todos los muebles estan cubiertos por sabanas blancas y estas a su ves por polvo y polilla.

Toda la casa cruje a mi alrededor por la tormenta de afuera y bajo mis pies la duela chilla anunciando cada paso que doy. No hay electricidad. Distingo una vieja lámpara de gas sobre una mesita, entre mis ropas empapadas busco el encendedor esperando que esté seco. La tenue luz me brinda algo de tranquilidad.

En el fondo de la estancia, algo llama mi atención, me acerco y tiro de la enorme sábana que le cubre. Ante mis ojos se revela una gigantesca escultura, más alta que el primer piso. La estática figura luce un brillo mistico ante la tenúe luz.

Subo las escaleras que la rodean y voy admirando cada detalle, cada linea, cada golpe con el cincel. Al llegar al descanso del primer piso el rostro de la figura queda a mi alcance. Levanto la lámpara para verle mejor y entonces mi fascinación se convierte en asombro y temor.

“¿Por qué esta escultura se parece a mí?”

Detallo los rasgos y me doy cuenta que ese rostro más bien es como el de mi madre en su juventud; un lunar en la mejilla es su sello inconfundible.

La tormenta amaina, los tenues rayos del sol se cuelan entre las nubes. Salgo de la casa por una de las ventanas y dejo atrás esa casa que ahora encierra un misterio aún mayor.

668 palabras


Microrelato realizado para el Writober 2020 basado en la combinación de las palabras detonantes: escultura + sábanas.

“En las montañas azules”

En la casa siempre tenía encendido ese artefacto, zumbaba y pitaba de vez en cuando, lo tomaba y hablaba con alguien en algún orto puesto de las montañas.

Entre los enormes árboles de ese bosque solo una cabaña sobresalía de entre al espesura, un solitario camino de tierra llevaba hasta ella. Esa cabaña era nuestra casa.

Mi padre era el jefe de los guardabosques de ese lugar y el único que vivía dentro del bosque con su familia. Apostados en diferentes puestos se encontraban el resto de los guardabosques, vigilaban día y noche los diferentes sectores del lugar y todos ellos se reportaban ante mi padre.

Recuerdo que desde muy pequeño siempre intentaba tomar el radio de papá de sobre la mesa. Esa mesa junto a la puerta que siempre estaba vacía, a excepción de cuando él estaba en casa, el radio, las llaves del jeep, sus binoculares y junto a la mesa un perchero con su abrigo, sombrero y botas. Mamá nunca lo dejaba entrar más alla de la puerta con los zapatos de trabajo puestos.

Siempre que el radio sonaba atendía de inmediato, en ocasiones solo hablaba por un rato y otras veces salía con el radio colgado del cinturón; entonces yo corría hasta la ventana y lo veía alejarse en el jeep todo terreno. Cuando ya no era visible, yo tomaba uno de mis zapatos y fingía hablar con él por radio hasta que volvía a casa o hasta que mamá me obligaba a ponerme de vuelta el zapato.

Durante los años de escuela, esta me alejaba de casa más tiempo del que me habría gustado, pero al volver siempre estaba mamá con una comida caliente y cenabamos como familia, a menos que hubiese alguna emergencia.
Uno de esos días el radio sonó y papá ya no volvió. Había cazadores furtivos en el area protegida y una bala perdida dió en su pecho.

En el hospital nos entregaron sus pertenencias: el radio transmisor, un reloj y sus botas. Ya en casa tomé el radio entre mis manos por primera vez. Ya no sonaría para él. Había terminado la preparatoria y estaba listo para unirme a él como guardabosques, ahora yo me pondría sus zapatos para seguir con el legado como el nuevo Guardabosques de las Montañas Azules.

380 palabras.


Microrelato realizado para el Writober 2020 basado en la combinación de las palabras detonantes: radio + zapato.

Perfecta


La fría luz de la luna entra por mi ventana,
A través de las persianas se cuela indiscreta. Me ha despertado.

Giro sobre mí misma intentando volver a dormir, en vano una y otra vez, el sueño se ha ido de mí.

La casa está en silencio, todos duermen excepto yo. Me levanto y corro las persianas para observarla mejor. Levanto la vista hacia el cielo, allí en lo alto, brilla la luna llena más hermosa blanca y brillante que jamás haya visto; es como un enorme reflector que alguien colgara en el cielo.

Desde la ventana observó la arboleda, los edificios, los jardines; todo tiene una claridad inaudita, no hay penumbras mucho menos oscuridad.

«Es perfecta» Se ha vuelto un pensamiento constante en mi mente. «La naturaleza es perfecta.»

¡Qué suerte que las lámparas de mi unidad están averiadas!, de otra forma habría sido imposible disfrutar de aquel espectáculo.
La luna tranquila me observa desde lo alto y yo, recargada contra la ventana, doy rienda suelta a mis pensamientos. Poco a poco voy a quedarme dormida mientras se repite en mi mente:

«Es perfecta… perfecta.»

186 palabras


Microrelato realizado para el Writober 2020 basado en la combinación de las palabras detonantes: luna + pensamiento.